Un pedacito de cielo asoma en la ciudad.
El sol se atreve a dejarse ver entre los huecos, que los altos amasijos de piedra, dejan libres.
Tímidamente, aventureras hojas de césped, salen de la tierra, pintando de verde el suelo y dando así vida al desolado paisaje pedregoso.
Y, como si darnos un triste mensaje quisieran los árboles, dejan caer sus marrones hojas yacentes sobre el color esperanza que las sostiene...
Ignorantes, impasibles e inadvertidas, pasan sus gentes al lado sin reparar en que aún el rocío se deja ver sobre algún que otro tallo...
Reposa solitario en aquel pequeño lugar el pulmón de la ciudad, bajo el tenue sonido del agua al caer... procedente de una fuente... lástima que un motor lo opaque.
Allí, en aquella fiesta de colores, para quien mirar sabe, mil tonalidades se nos ofrecen, gratuitamente a la vista, conviviendo en armonía para deleite de quien observe.
Muy bonito.Estamos tan ascostumbrados a dar por sentado este espectaculo que nos ofrece el mundo,que muchas veces no reparamos en ellos,y nos olvidamos de dar las gracias por poder disfrutar de tanta belleza.
ResponderEliminar¡Olé tu arte niña! Me has pintado de color este dia tan grisaceo. Mola lo que has escrito, en serio ¡quién supiera!
ResponderEliminar