Tantas cosas que decir que no se por donde empezar...
pondré como primera entrada un relato que escribí no hace mucho, ahí esta:
Sólo comprendida por el más precioso brillo del sol, era en aquel momento foco de todas las miradas. Inmune al terror ajeno, los peores insultos o los aterrorizados que huían de la plaza presos de su pánico, ella era feliz. Desde aquello, de hecho, era la primera vez que hallaba en su interior un sentimiento semejante, aunque, más que eso, quizás, era tranquilidad, paz. Como quien sabe que ha hecho lo correcto sintió una sobrecogedora sensación que la invadió. Y, ante los perplejos extraños que aún estaban por allí, comenzó a entrelazar unas pocas torpes palabras:
- “No matarás” dijo Dios, no hizo distinciones, no apunto epígrafes, eso es por que no vivió la peor de las situaciones, no se puso en el lugar de quienes sí, o tal vez no creyó capaz a ningún ser de realizar tales actos. Pues ¿saben que viví? Bajo un vano intento de defensa, recibí golpes, insultos, me vi obligada a sentir como aquella creación del diablo arrancaba de mi cuerpo la ropa, como sus manos esquivaban mis golpes o me inmovilizaban. Ajeno a mis súplicas, al más profundo e indescriptible de mis llantos, el pánico se fusionó con mi rostro haciéndome la viva imagen del terror, la más amarga de mis lagrimas recorría mi cara, mi cuello, pero el ni se inmutaba.”
Pronunciando esto entre lágrimas bañadas de alegría observaba su alrededor, la gente hablaba, unos llamaban a las autoridades, otros debatían, pero le llamo la atención una chica, cuyos encharcados ojos que no le quitaban atención ni por un instante, la hizo callar unos segundos, su mirada confesaba complicidad, incluso comprensión. Acto seguido prosiguió con su relato, no sabia exactamente por que lo hacia, tal vez necesitaba mostrar al mundo sus motivos.
- “Desposeído de alma, prosiguió sin deparar en mis ruegos. Tocó todo mi cuerpo, haciendo uso de su fuerza convirtió en el peor de los horrores lo que debiera ser el más bello acto de amor. La impotencia que inundó mi ser no atiende a descripción posible. Ahora al menos, me queda el consuelo de saber que jamás volverá ha hacer daño, ni a mi ni a nadie.”
Apenas un minuto después, viosé presa de la ausencia de su libertad, inmóvil ahora por unas esposas iba camino de su injusta prisión, pero su conciencia llena de paz y su alma tranquila, iba en relativa armonía, pues aquel sujeto no le seria una amenaza, podría vivir.
Ya te dije en su dia que este relato me parece acojonante. No te voy a decir que seas Oscar Wylde (entre otras cosas porque el aparte de llevar bastante muerto, era un tio britanico),pero está muy bien escrito. Me alegra ver que te has decidido al fin a hacer un blog. Bueno,cuenta con mis visitas y mis comentarios para futuras entradas. Taluee. (PRIMER!)
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